Hay días en los que uno sale a la calle y se pregunta hasta dónde vamos a llegar. Playas llenas de personas durmiendo en cualquier rincón, basura por el suelo, malos olores, suciedad y una sensación de abandono que empieza a ser difícil de explicar. Y mientras tanto seguimos con el mismo discurso de siempre: que si son niños, que si tienen frío, que si se han mojado, que si necesitan ayuda. Claro que hay situaciones que duelen y que nadie debería vivir. Pero también duele ver cómo nuestra ciudad se va deteriorando delante de nuestros propios ojos.