Era el 16 de septiembre por la tarde. Me senté frente al portátil. Quería escribir sobre la Legión; necesitaba hacerlo. Era inminente el cumpleaños de sus cien años de vida y sentía el deseo de rendir una mínima contribución a mi amada Legión, en la que entregué mis primeros doce años como oficial del Ejército.
