Hay que tener muy poca vergüenza torera para dirigir la sanidad de Ceuta desde un despacho en la calle Alcalá de Madrid y luego sorprenderse de que aquí la gente esté harta. Porque mientras los ceutíes esperan meses para pruebas, especialistas o derivaciones, en la capital siguen vendiendo titulares, premios y sonrisas institucionales. La realidad, sin embargo, es otra: pacientes desesperados, profesionales quemados y una sensación constante de abandono.
