Alberto Núñez Feijóo ha prometido devolver la decencia a la política española. Es una aspiración que comparte una gran parte de la ciudadanía, cansada de escándalos, enfrentamientos permanentes y una creciente desconfianza hacia las instituciones.
Alberto Núñez Feijóo ha prometido devolver la decencia a la política española. Es una aspiración que comparte una gran parte de la ciudadanía, cansada de escándalos, enfrentamientos permanentes y una creciente desconfianza hacia las instituciones.
Las encuestas empiezan a dibujar un mapa autonómico muy incómodo para el Partido Popular: gana, sí, pero no gobierna solo. Murcia, Baleares y la Comunidad Valenciana reflejan una misma fotografía política: el PP aparece como primera fuerza, pero sin mayoría absoluta suficiente para imponer un gobierno en solitario. Y ahí entra Vox, no como simple acompañante, sino como llave imprescindible.
Las declaraciones del ministro Óscar Puente acusando a la UDEF de “embarrar todo” con “especulaciones ridículas y absurdas” suponen un paso en falso de enorme gravedad institucional.
Pedro Sánchez ha vuelto a insistir en que seguirá en el poder “hasta 2027 y más allá”, pese a reconocer “problemas y tropiezos” en la gestión del Gobierno. Pero ese mensaje, lejos de transmitir normalidad, suena cada vez más a resistencia personal que a proyecto político sólido para el país.
Europa vuelve a mirar hacia el este con preocupación. El impacto de un dron en un edificio de Rumanía, país miembro de la OTAN, no es un episodio menor ni una simple anécdota de una guerra que parece no tener fin. La Unión Europea ya habla de que Rusia ha cruzado “otra línea”, mientras la OTAN denuncia la “imprudencia” de Moscú y Mark Rutte expresa la “solidaridad absoluta” de la Alianza. Y, sinceramente, cuesta pensar que esto pueda seguir tratándose solo con comunicados y ruedas de prensa.