El Congreso ha arrancado el nuevo curso político como era de esperar: entre broncas, reproches y votaciones que claman por elecciones anticipadas y la destitución de ministros que ya no sostienen ni el crédito ni la confianza pública. No es casualidad que el nombre de María Jesús Montero haya vuelto al centro del huracán, símbolo de una gestión errática y de un Gobierno más preocupado en sobrevivir a base de pactos y cesiones que en dar respuestas a los problemas reales de los ciudadanos.
