Hay dos Ceutas. La primera aparece en los cócteles, en las recepciones institucionales, en las fotografías cuidadosamente preparadas para la prensa y en los discursos complacientes de quienes llevan décadas administrando el poder local. Es la Ceuta de las galas, de los foros empresariales, de las cumbres tecnológicas, de los encuentros exclusivos junto a las piscinas del Parque Marítimo del Mediterráneo. La Ceuta que se exhibe ante las cámaras mientras brinda por su supuesto éxito.
