Durante años fue una de esas reivindicaciones que en Ceuta se repetían casi por costumbre. Generaciones de ceutíes han escuchado hablar de la necesidad de abrir el puerto a la ciudad, de derribar barreras físicas y mentales que separaban dos espacios que, en realidad, siempre han estado condenados a entenderse. La demolición del último chalet del puerto no es solo el final de un pleito administrativo y judicial interminable; es, sobre todo, el cierre de una etapa que ya se había alargado demasiado.
