Cuando se trata de vidas —ya sean humanas o animales— no hay expediente, sello ni tramitación que justifique la inacción. En Ceuta, la situación de la protectora de animales clama al cielo: cheniles inundados, perros sin ventilación adecuada y una reforma atrapada en el laberinto burocrático de siempre. No es admisible que, por no mover un papel a tiempo o no apretar un poco más la maquinaria administrativa, sigan padeciendo seres vivos que dependen enteramente de nosotros.
