Las palabras de la presidenta del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), cargadas de razón y mesura, no son solo un recordatorio del papel de la Justicia en nuestro sistema democrático, sino una advertencia sobre los peligros de convertir las decisiones judiciales en un campo de batalla política. Cuando se atribuyen “intenciones ocultas” a los jueces, se erosiona uno de los pilares fundamentales de la democracia: la independencia judicial.
